EXPEDIENTE Nº 0004: DARIO CAVALLO


Sus genes futbolísticos estaban destinados hacia Chicago. Darío Cavallo fue un volante central perseverante en la recuperación del balón, de carácter extremo. Una cualidad que heredó de su tío, Carlos Timoteo Griguol, quien lo trajo a Buenos Aires para que se formara en las Inferiores de Ferro y luego lo llevó a Gimnasia, donde jugó seis años. Una vez finalizado el lapso en La Plata, jugó una gran temporada 2002/03 en Banfield y estuvo a punto de ser transferido al Rayo Vallecano de España. Su contratación generó esperanza en Mataderos.

Se unió al plantel conducido por Alberto Márcico. Se buscaba alejar el descenso tras los dos primeros años donde el equipo se salvó en la última fecha ante Belgrano en el 2001, y en la Promoción con Argentinos, en 2002. Cinco fechas duró el “Beto” en la conducción de un equipo obsoleto integrado por Nacho González, San Esteban, Leo Ramos, Jara, Livio Prieto, entre otros. Una de las excepciones a ese pobre nivel fue Cavallo (también Tilger, Elvio Martínez, Testa y De Olivera),  aunque no alcanzó para evitar el descenso a la B Nacional.

Cavallo ante Píriz Alvez. Triunfo 3-0 ante Talleres.
Propietario del dorsal número 5, debutó ante River (1-2) en el Monumental, el 3 de agosto de 2003. Aquella tarde lluviosa en la que el árbitro Fabián Madorrán perjudicó al Torito al expulsar, sin argumentos válidos, a Germán Basualdo. Durante su estadía, Darío Cavallo osciló entre buenos partidos y ausencias reiteradas por lesiones. Además, cuando Leonardo Madelón condujo al equipo en el Clausura 2004, lo consideró debajo de Basualdo y Julio Serrano. De a poco, se ganó la titularidad y la aceptación del público, totalizó 19 partidos en 38 fechas, en una temporada colectiva muy floja, apenas se consiguieron cuatro victorias: Gimnasia (2-0),Talleres (3-0), Arsenal (2-1) y Colón (1-0). Un descenso merecido.

Cavallo permaneció en el club para afrontar la B Nacional. Fue un bastión en la formación elegida por Ricardo Rezza. El mediocampo salía de memoria: Basualdo, Cavallo y Ramiro Leone. En ese torneo Apertura 2004 tuvo su pico de rendimiento y pudo convertir su único gol ante Defensores de Belgrano (1-0), por la 14ª fecha, una noche en la que la gente de Chicago copó Nuñez. La ilusión se esfumó en una derrota con Godoy Cruz (2-3) en Mataderos y fue el punto final del ciclo Rezza. Llegó Sergio Batista y le concedió oportunidades, pero el nivel del "Gringo" bajó, sumada a algunas expulsiones y perdió terreno. El último partido con la camiseta verdinegra fue San Juan, cuando San Martín ganó 1-0 con un golazo de mitad de cancha de Angel Puertas, por la 15ª del Clausura 2005.

Su carrera continuó en Unión para el campeonato 2005/06. En una práctica previa al debut en el "Tatengue" sufrió la rotura de ligamento cruzado anterior en su rodilla izquierda, más un desprendimiento del ligamento lateral externo que se inserta en el peroné. Esa lesión marcó el resto de su carrera. En la temporada siguiente firmó para Atlético Tucumán, donde se ganó el corazón de la gente, pero en agosto de 2007 cruzó la vereda: se fue a San Martín de Tucumán. Ese fue su último semestre como futbolista, se retiró el 7 de diciembre. “Fueron meses de mucha tristeza, que me obligaron a apurar mi retiro. No fue como me hubiera gustado irme, pero esto es fútbol y hay que aceptarlo como tal. No estaba dispuesto a operarme para seguir inactivo otros seis meses, quería jugar dos o tres años más”, le explicó Cavallo al diario "La Gaceta de Tucumán". En ese entonces tenía 32 años…

Junto a Sava en San Juan.
Al toque pasó a ser propietario de un banco de suplentes: dirigió a Sportivo Las Palmas, el club de su barrio en Córdoba. Se consagró campeón de la provincia, entrenó a las juveniles de Ferro y luego pasó a dirigir las Inferiores de Belgrano, donde también obtuvo el título de la Cuarta División en 2010. En ese mismo año ya era ayudante de Jorge Guyón en la Primera del “Pirata” cordobés. Su carrera fue en ascenso y este año se unió como asistente principal de Facundo Sava, en San Martín de San Juan. Con el “Colorado” los une una amistad desde los tiempos de Gimnasia y ambos se recibieron de psicólogos sociales en La Plata, por expreso pedido del tío Timoteo. Del tío, heredó el carácter y la profesión. Ya pasó por Ferro, ¿dirigirá alguna vez al Lobo platense?

-Fotografías: Archivo Diario de Cuyo y Clarín.

Comentarios