LATIDOS DE PRIMERA

El 7 de noviembre de 1981 Chicago consiguió su primer ascenso a la máxima categoría del fútbol argentino al vencer a Estudiantes de Caseros con un gol de penal de Mario Franceschini, figura y goleador del campeonato con 27 tantos. Aplausos para los héroes de Mataderos.

Tapa del "Zonal Deportivo Oeste" de noviembre de 2011

Cuarenta años consecutivos en la Primera B. El sueño de Primera coqueteaba en Mataderos y luego se trasladaba a otros barrios. Grandes equipos se quedaron a pequeños pasos de llegar al máximo rodeo del fútbol nacional. El ejemplo cabal fue el torneo de 1958, en el cual Chicago contó con la mejor delantera de la historia del Ascenso: Daquarti, Calandria, San Lorenzo, D' Ascenzo y Casanova. No pudieron con Ferro, que se llevó el título para Caballito... Hubo otras frustraciones en 1961, 1966 (final perdida con Deportivo Español), 1971 (descuento de puntos por supuesto soborno a Giuliano de Temperley), 1974 y 1978 (inclusión ilegal de Heriberto González y quita de puntos). Y la última había sido en 1980, año en que el Verdinegro tuvo un gran equipo encabezado por Mario Franceschini, incorporado de Atlanta, pero ese torneo lo obtuvo Sarmiento de Junín. 

Para 1981 asumió la dirección técnica Roberto Ferreiro. "Pipo" le dio otra esencia al equipo, reforzó la defensa y el espíritu colectivo. "Sentíamos que no íbamos a perder, de visitante no nos iban a ganar así nomás", contó Mario Franceschini. El entrenador también introdujo cambios en el equipo base. Ingresaron Claudio Larramendi, Hugo Pedraza y Héctor Assán en lugar de Jorge Higuaín (adquirido por Gimnasia LP), Ricardo Maletti y Salvador Pasini (firmó en Tigre). "Ese equipo de 1980 era más rico técnicamente que el campeón, tenía otro estilo", describió el "Francotirador" a "Clarín" en noviembre de 2011. Pero 1981 era el año. Chicago marcó el rumbo desde el inicio al ganar siete de nueve partidos. Se destacaron los triunfos sobre Quilmes (1-0), Temperley (6-2) y Tigre (2-0), que había descendido de Primera. El golpe llegó ante Defensores de Belgrano (especialista en molestar al Torito) que lo derrotó con gol de "Pinino" Más. Así caducaron 28 juegos invictos, trece de los cuales se acumulaban de 1980.


Esa caída fue inspiradora para el equipo. "En el primer entrenamiento todos hablábamos que seríamos campeones porque Defensores había bajado a Tigre en 1979 y a Sarmiento en 1980, y ambos después fueron campeones. Nuevamente volvió a funcionar", recordó Roque Erba, otro símbolo del equipo. Chicago arremetió con todo al sumar nueve puntos de 12 en juego. En el medio de esa racha, ocurrió un hecho insólito en Caseros. Los hinchas llevaron camiones y vieron el partidos desde allí porque Estudiantes no tenía espacio para el público visitante. El fana verdinegro marcó tendencia, a pesar de caer 3-0... El final de la primera rueda encontró a Chicago en la cima, dos puntos por encima de Quilmes y cinco sobre Banfield. 

Hubo un merma en la sumatoria durante la segunda rueda: 14 puntos de 30 posibles. La punta pasó a ser del "Cervecero". Justo contra el conjunto del Sur rescató un punto (1-1) y Jorge Traverso le detuvo un penal a Horacio Milozzi. La esperanza volvió a renacer al superar a Tigre (2-0) como local. Unas fechas después, el ascenso (subían los dos primeros) estaba a tiro luego de vapulear a Defensores (3-0) en Mataderos, con un hat-trick del gran Mario Franceschini. Sólo restaba la última curva para encarar su arribo a Primera. Aquellos fantasmas del pasado parecían haberse ahuyentado. Al menos parcialmente porque en Villa Crespo muchísimos hinchas lloraron... Atlanta se puso en ventaja con gol de Alfredo Graciani, luego el Torito puso su coraje y lo revirtió con goles de Rattalino y Roque Erba. A partir de allí, el Bohemio dominó y Jorge Tripicchio atajó todo, hasta un penal de Enrique Hrabina a los 47 minutos del complemento. Las lágrimas en la tribuna visitante presagiaban el hito.

El penal que generó el ascenso a Primera en 1981.
El 7 de noviembre de 1981, Estudiantes visitó Mataderos. Y resultó un huésped hostil ya que le cerró los caminos hasta que a los 39' del primer tiempo, Roque Erba recibió el balón: "Me metí en el área en diagonal. Se me acerca el arquero y me toca la pelota. Hoy lo digo, no fue penal", se sinceró el wing izquierdo. Desde los doce pasos, Mario Sebastián Franceschini no perdonó. Tanto sufrimiento fue coronado con el ascenso. Los corazones verdinegros saldaron una deuda histórica: sus latidos fueron de Primera.

Fabián Rodríguez  

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