EL LEGADO DE CARLIN

La familia Roldán es sinónimo de Chicago. Estuvo involucrada en el club desde su fundación. La combinación de colores de nuestra institución se debe a la chata que tenía Don Leopoldo, padre de René. La asociación es directa, es el fiel representante del gen verdinegro: apasionado, leal, amistoso, compañero y maestro. “Carlín”, su nombre popular, es un símbolo de nuestra historia. Fue un testigo privilegiado de los acontecimientos, se dio el gusto de ver las hazañas de “Pilo” Calandria; los goles de Gustavo González, Jorge Pérez y Mario Franceschini; las gambetas de Christian Gómez y la elegancia de Julio San Lorenzo. Siempre a escasos metros de ellos. Allí, en el campo de juego cumplió una función social, más que profesional. Porque convirtió en eternas las escenas de la vida real y ésas hoy se transformaron en emblemas. En un gesto de agradecimiento y admiración por el día del fotógrafo (21 de septiembre) entrevistamos a Pablo, su nieto, que recibió el legado y le brinda un homenaje diario, a más de dos años de su partida.         

-¿Cómo nació su vocación?
-La encontró accidentalmente. Empezó a ser peón en una casa de fotos y en sus ratos libres aprendió fotografía. De a poco, pero con convicción, nació su pasión.
-¿En qué año empezó a trabajar en la cancha? 
-Entre los 25 y 30 años. En esa época las máquinas no eran lo que son ahora. Ellos eran artistas, las fotos que sacaba las revelaba a la otra semana y recién ahí se veía si habían salido o no en foco. Tuvo varias máquinas, conservo varias de ellas y están en perfecto estado. Eso sí, el revelado lo hacia él. En su casa tenía un “cuarto oscuro” y mezclaba distintos tipos de líquidos en varias bateas. Nada que ver a cómo es hoy.
-Si tuvieras que definir su estilo, ¿cuál sería?
-Le encantaba sacarle a la hinchada, siempre repetía: “¡Mirá que hinchada, Dios mío!”. Esas pasiones lo conmovían, como también hacer miles de kilómetros para ver un partido de fútbol y abrazarse con su gente en otro lado.
-¿Viajaba al Interior para sacar fotos o como hincha?  
-Siempre viajó al Interior, si podía lo hacía con los jugadores, si no con la utilería o con hinchas. En el ascenso de 2001 fuimos juntos en un micro que salió de Montiel y San Pedro. Y ojo, que con más de 80 años viajaba en micro semi cama, ida y vuelta en un fin de semana, y siempre feliz, sin ninguna queja.
-De chico se instaló en el club, ¿llegó a jugar o no tenía habilidad? 
-Nunca lo vi jugar al fútbol, pero creo lo suyo era sacar fotos… Una sola vez lo vi patear una pelota en cancha de Laferrere, en 1991, y como jugador de futbol era un excelente fotógrafo, je.
-Hablando de eso, ¿cuáles eran sus futbolistas favoritos? 
-Su jugador preferido era “Pilo” Calandria. Tenían muy buena relación, a tal punto que le sacó las fotos del casamiento. Casanova también era otro de sus favoritos. Y más para este tiempo, elegía al "Lute" Oste, "Pocholo" Sánchez y "Gomito".
-¿Cómo definirías su carácter? 
-Siempre sociable, de buen humor, haciendo chistes y dispuesto a una charla, con mate de por medio, para escuchar y aconsejar, que eran sus virtudes. Una sola vez lo vi enojado. Era una persona que siempre estaba dispuesta a compartir. Si había un bife y éramos dos ¡Qué mejor que cortarlo! Quedándose él la porción menor. Era un loco lindo, querido por todos por sus humoradas. No le conocí un enemigo ni una persona que me hable mal.
-Fuera de la cancha, ¿qué otras ocupaciones tenía?
-Era socio fundador de la Federación Gaucha Porteña, también de la Feria Artesanal de Mataderos. Estaba dentro de la comisión del Museo Criollo de los Corrales, y formaba parte de la CD del Centro Bucodental Infantil. Por otra parte, tuvo varias casas de fotografía “Carlín”. Era fotógrafo oficial de los peritajes de la comisaria 42 y sacaba en los colegios del barrio, en casamientos y fiestas de 15 años. Al día de hoy siempre me encuentro con alguien que dice “Carlín le sacó la foto a mis viejos cuando se casaron". Esa persona tiene unos 40 años. Increíble.
- ¿Tenía alguna faceta desconocida?
Homenaje tras su muerte. 
-Enseñaba a manejar con autos doble comando, a parte de su pasión la fotografía. Los domingos (si no jugaba Chicago) la cita era la feria de mataderos. Le encantaba bailar, su pasión también eran las danzas criollas, folklore y tango. Después, lo de siempre. De lunes a viernes, por la tarde hasta la noche, su cita era el Polideportivo. Llevaba sus valijas con las muestras fotográficas, donde la gente se buscaba y hacia los pedidos. Pero mi abuelo era una persona que te vendía dos fotos y regalaba cuatro, su tesoro no era la plata sino el ser reconocido por su gentileza y ser de bien.
-Heredaste su profesión, ¿cómo surgió?
-Siempre lo seguí desde chico, fue el padre que no tuve. Íbamos al Mercado de Hacienda a la mañana (cuando no iba a colegio), almorzábamos juntos, a la tarde lo acompañaba a enseñar a manejar, y a la noche al Poli. Cuando revelaba las fotos me metía en el cuarto oscuro y siempre me decía: “No abras la puerta que se velan los negativos”. Y yo me quedaba quieto mirando. 
-¿Qué consejos te dio?
Siempre me enseñaba alguna cosita cuando sacaba las fotos. “Este es el diafragma, ahí está en foco”. Y de a poco me anime a sacar, después estudié y cuando tuve la credencial de ARGRA me acuerdo perfectamente su frase: “Ya cumplí”. Hoy cuando saco fotos le estoy rindiendo homenaje, con una alegría gigante.
-¿Tus primeras fotos en la cancha fueron con él? 
-Sí, compartí dos o tres partidos. Inclusive le expliqué cómo funcionaban las cámaras réflex (él seguía trabajando con las de rollo). Cuando me vio sacar estaba contento y muy emocionado. Me di cuenta que tomé su ojo para la fotografía, saqué algunas muy parecidas a las suyas.
 -Elegí tres fotos que Carlín haya tomado y por qué las seleccionas.
-La primera es el penal atajado por Cochella en Entre Ríos en 1991, en el ascenso a la B Nacional. La segunda es en la salida del equipo en La Bombonera, de fondo las dos bandejas colmadas por hinchas de Chicago. Y la tercera un gol de “Gonzalito” contra Almirante, que salió gritando y de fondo se ve a la gente. ¡Terrible foto! Las elegí por que representan lo que es Chicago: una pasión, y donde esté jugando el equipo, como dice la canción: “En silencio nunca vas a jugar”.

Fotografías: Pablo Roldán.

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