EXPEDIENTE Nº 0019: ERNESTO MARCHISIO


"Hablé con Batista y me aseguró que si no viene Elvio (Martínez) quiere a un pibe que conoce de Argentinos, pero no sé ni el nombre", describió Juan Angel Guerra, presidente de Chicago, ante una consulta del diario Olé el 9 de enero de 2005. ¿Habrá sido un intento de despiste o un acto de honestidad brutal de Tito? Lo cierto es que ese jugador que buscaba Sergio Batista era Ernesto Marchisio. Un enganche de 22 años que jugó tres partidos en el “Bicho”, el último frente a River (0-1) en Núñez, bajo su tutela. El “Checho” asumió tras la renuncia de Ricardo Rezza y se encontró con un plantel que precisaba un enlace ante la ida de César Carranza (cedido a Cobras de México) y Mariano Monrroy (rescindió contrato). El primer candidato que surgió para vestir la 10 fue Elvio Martínez, quien había dejado una imagen positiva en la temporada 2003/04 de Primera. Sin embargo, no se concretó la vuelta y por eso el entrenador se inclinó por Marchisio.  

“Clavito” reunía los atributos típicos de un futbolista formado en la cantera de Argentinos Juniors: concepto de juego al ras del piso, riqueza técnica con gambeta vertical y desborde. Tuvo su bautismo verdinegro el 12 de febrero de 2005, frente a Gimnasia de Jujuy (2-2) en Mataderos, por la segunda fecha. Ingresó a los 14’ del primer tiempo en lugar de Gonzalo Bidal. Su primera incursión fue positiva. Recuperó un balón y comenzó la jugada del empate parcial en uno, marcado por Uriel Pérez. Luego, jugó un rato ante la CAI (1-2) en Comodoro Rivadavia y se ganó la titularidad contra Ferro (1-1), en la República. Continuó, con altibajos, entre los 11 iniciales ante Racing en Córdoba (0-0) y Unión (0-0), hasta que una contractura en el aductor izquierdo lo privó de jugar contra San Martín de Mendoza. “El Checho no me quiere arriesgar porque si me desgarro me pierdo cinco partidos”, declaró el enganche a Olé. Su lugar fue ocupado por Julio Serrano, quien metió los dos goles de la victoria (2-1) y fue una de las figuras junto a Daniel Islas.

Su mejor partido en Chicago fue ante El Porvenir (1-1), en Gerli, por la novena jornada. Aquel sábado 2 de abril convirtió el único gol durante su etapa en el club y fue imparable para los volantes locales (Martens, Vismara y Marcelo Couceiro). El sabor del gol lo conoció a los 44’, Uriel Pérez envió un centro que Marchisio recibió en el centro del área, y resolvió con un remate bajo y cruzado al segundo palo. Esa actuación muy buena no pudo ser reiterada. Una lesión lo afectó a los pocos minutos de juego contra Talleres (3-1), en la cancha de San Lorenzo. Volvió a tener oportunidades desde el arranque sin mostrar un nivel destacado. Para colmo en un momento difícil porque el equipo se jugaba la chance de ingresar al Reducido. Entonces, Sergio Batista le dio la oportunidad de debutar a Mariano Donda, quien se adueñó de la número 10 en el último tramo de la temporada. El ciclo de “Clavito” registró 11 partidos y un grito. Luego, continuó su carrera en Defensores de Belgrano, en la B Metropolitana, durante dos temporadas (2005 a 2007): jugó 56 encuentros y festejó frente a Comunicaciones, Sarmiento y Deportivo Merlo.

Volvió a las canchas un año y medio después. En 2009 viajó a San Pablo para someterse a una prueba en Ponte Preta, de la Serie B. La superó con creces, al punto tal que metió un gol en un amistoso ante Campinas. Rápidamente lo adoptaron como “Juan” (su segundo nombre). Sergio Soares, el entrenador, le concedió oportunidades y se dio el gusto de ganar el campeonato Interior Paulista. En una entrevista con el sitio Futebol Portenho, comparó los torneos de Ascenso de ambos países: “En Argentina se encuentran en campos más pequeños, los jugadores están muy cerca uno de otro y la pelota en el aire. A veces el juego no es lo mejor. Aquí los campos son más grandes, mejores y se puede jugar un poco más”. Esta buena experiencia fue empañada por una lesión. Otra más. El 1º de agosto, en la caída (0-3) con Brasiliense, se rompió los meniscos de la rodilla derecha, donde había sufrido una cirugía en 2001. A partir de allí no se registra actividad de Ernesto Marchisio. Una carrera que padeció los inconvenientes físicos. Aquellos que lo vieron jugar en el fútsal de Argentinos Juniors cuentan que era imparable, que tenía la pelota atada. O mejor dicho, clavada al pie derecho.

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