TRES GOLES Y UN FUNERAL

El 19 de abril de 2003 Chicago le ganaba 3-0 a Chacarita, en Mataderos, con un doblete de Carreño y un golazo de tiro libre de Amaya. Crónica de un baile que posibilitó el primer triunfo sobre el Funebrero en la A.

Carreño es abrazado por Ceballos, detrás se ubica Amaya.
(Gentileza de diario Clarín)

"Chicago venía a contramano, en caída libre. Ya sin tiempo para los lamentos. Debía ganar o ganar para seguir expectante, con vida”, describió Fernando Gourovich en el diario "Clarín". Se jugaba la décima fecha del Clausura 2003 y el promedio amenazaba. No existía espacio para la relajación. El Torito había arrancado muy bien el torneo con 10 puntos de 15 posibles. Sin embargo, tres caídas (0-5 con Racing, 0-1 frente a Vélez y 0-2 ante Colón) más un empate (2-2 contra Newell´s en Rosario) opacaron aquel primer tramo del campeonato, donde cosechó victorias estupendas sobre Lanús (2-1) en el Sur, Gimnasia LP (4-1) en casa, y Olimpo (3-0) en Bahía Blanca. Se imponía la necesidad de volver a la senda triunfal ante Chacarita, al que nunca había vencido en Primera (un empate y dos caídas).

Catriel Orcellet; Facundo Argüello, Cristian García, Dante Poli, Leandro Testa; Nelson Parraguez, Juan Huerta; Ariel Carreño, Ezequiel Amaya, Julio Serrano; y Diego Ceballos fueron los once elegidos por Gorosito, quien hace más de una década utilizaba un sistema con auge actual: 4-2-3-1. Otra evidencia de su destacada labor en Mataderos, que lo convierten en uno de los mejores entrenadores de la historia verdinegra. “Pipo” dejó su huella por haber desarrollado un estilo ofensivo, basado en paredes y jugadas de posesión colectiva con cambio de ritmo a través de Amaya y Carreño, y de Diego Ceballos para culminar las jugadas. Por otra parte, el equipo se destacaba por la presión ejercida sobre el rival para recuperar la pelota, faceta en la que se imponía Juan Huerta. Este conjunto de conceptos fueron llevados a cabo a la perfección contra Chacarita.

“Y lo ganó con contundencia. Por eso, tanto desahogo. Porque era una final. Así lo entendió. Y así la jugó. Con mucha actitud del principio hasta el fin, algo que se le reclamaba al equipo de Gorosito”, explica la crónica titulada “Chicago fue una auténtica aplanadora”. La primera situación de gol a favor del Torito fue a los 4 minutos del período inicial, la última sucedió a los 46 del complemento. Fue un baile para el local y un funeral para la visita. Y eso que en el Apertura 2002 había finalizado cuarto, bajo la conducción de José Pastoriza. Aquella tarde, el Tricolor formó con: Navarro Montoya; Iván Furios, Héctor Almandoz, Sebastián Pena, Patricio Arce; Diego Rivero, Ariel Rosada, Miguel Mea Vitali, Mariano Mignini; Gabriel Cella Ruggieri y Román Díaz. 

“Chicago regaló mucho fútbol con Carreño y Amaya, un dúo endemoniado”, detalla el artículo. A los 5 minutos ocurrió el primer impacto: recibió el delantero surgido en Boca, gambeteó al “Mono” y definió con categoría. Un ratito después, el enganche procedente de Independiente ejecutó un tiro libre que fue descolgado del ángulo por Navarro Montoya. La revancha llegó en el minuto 23. Amaya remató un zurdazo con rosca, por encima de la barrera, que se clavó en el ángulo. Golazo inolvidable. De los mejores tiros libres de la última década. A partir de allí, fue todo verdinegro. “De no ser por las manos, el pecho y las piernas de Navarro Montoya, Chacarita podría haber sufrido un papelón mayúsculo. El Mono tapó una docena de situaciones netas de gol. Cuatro a Amaya, dos a Carreño, una a Santana y cinco a Ceballos”. El remate llegó en el complemento, con otro gol de Carreño. Fueron tres goles para darle vida a una gran producción futbolística frente a uno de los rivales más tradicionales. En doble partida, también fue un funeral para Chacarita. 

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