EXPEDIENTE Nº 0021: "POCHOLO" SANCHEZ


“Pibe, vos jugá que yo hago el laburo sucio”. Una frase que define la generosidad de un talento al servicio del equipo, que ubicó el logro colectivo por encima del personal. Esta conversación se produjo minutos antes de la final entre Instituto y Chicago, en el Chateau Carreras, el sábado 9 de junio de 2001. El dueño de las palabras fue el capitán Héctor Sánchez, que tenía 32 años. ¿El destinatario? Christian Gómez, el crack de 25. El experimentado se adaptó a jugar como volante por la izquierda para darle vuelo al joven enganche. Y el destino, caprichoso en muchos casos y justo en otros tantos, quiso que a los 3 minutos “Gomito” asistiera a “Pocholo” para que convierta el primer gol del Torito y lo grite de cara a las 10.000 personas que viajaron a Córdoba para festejar el regreso a Primera.

“El ascenso con Chicago significa mucho porque es el club donde nací, que me permitió formar una familia. Ascender con el club que amo es lo máximo”, describió Sánchez, acompañado de su sonrisa habitual. Un atorrante que hizo lucir la 10 verdinegra con pisadas, caños y gambetas. También exhibió coraje con sus dos piernas flaquitas, esas que  contaban la potencia de un toro y le permitieron realizar saltos furiosos hacia los alambrados para festejar con la gente. Eufórico y a la vez cultor del perfil bajo. “Pocholo”,  un producto genuino de las divisiones inferiores que debutó el 1º de octubre de 1988, en la derrota 2-1 con Defensores Unidos, en Zárate. Sin embargo, el primer gol recièn sucedió el 15 de diciembre de 1990, en Caseros, en la victoria 3-1 sobre Estudiantes.

El ascenso al Nacional B, en 1991, lo marcó como la joyita emergente de la cantera. Se potenció en un equipo deseoso de títulos y de reconocimiento en el fútbol. Un plantel integrado por “Los Campesinos” (Mario Marcelo, Carlos Fernández y Franklin Martínez), la experiencia de Jorge Mora y “Beto” Candela, la fiereza del “Pampa” Rosané más Carlos Cochella, César Couceiro, Gustavo Chacoma, Daniel Maurín y Gustavo González. La base del plantel continuó en la segunda categoría. En el debut en Mendoza, ante Deportivo Maipú (1-3), Héctor Sánchez convirtió el primer gol del club en este torneo. Con el paso de los partidos y las temporadas su protagonismo creció. Por ejemplo, el tanto en Casanova en el ’91  para vencer a Almirante Brown; el golazo a Arsenal, en cancha de Racing, en 1992; el doblete a Morón (2-2) del ’94 en Mataderos o los dos tantos a “La Fragata” como visitante al otro año. Hasta que llegó el momento de partir…

Unión de Santa Fe fue su hogar adoptivo a partir de 1995. Se sumó junto a Juan Carlos “La Araña” Maciel y Gerardo Garate. En breve se ganó el afecto de los hinchas “Tatengues” y logró el ascenso a Primera, siendo una pieza valiosa. Se dio el gusto de jugar nueve partidos en la A y convertir un gol. En agosto de 1997 bajó a la BN para disputar una temporada en Brown de Arrecifes (extrañaba utilizar la combinación verdinegra) y un año en Aldosivi. Hasta que llegó el momento de cruzar la frontera en 1999 y jugar en la liga peruana. Primero en Sporting Cristal y luego en Alianza Lima, donde formó parte del plantel que disputó la Copa Libertadores. La vuelta a casa estaba cerca…

El descenso merodeaba en Mataderos y uno de los que volvió para salvar al equipo fue Héctor Sánchez. Su habilidad le aseguró un lugar en la formación inicial y fue fundamental para la generación de juego. Es más, se hizo cargo de la conducción en las instancias finales ante la ausencia de “Gomito” (inconveniente de salud de su hija) y aportó tres goles: El Porvenir (1-1), Gimnasia de Concepción del Uruguay (2-0 en los cuartos de final del Reducido) y el más importante en la final frente a Instituto (3-2 en Córdoba). Aquella noche de alegría fue su última presentación con la camiseta verdinegra. Los directivos le quitaron la chance de jugar en Primera, al igual que a Mario Marcelo. Igualmente, dejó una marca indeleble, con 195 partidos es el décimo jugador con más presencias en la etapa profesional. Por suerte, lo veremos en acción nuevamente el sábado. Un homenaje merecido, por eso todos debemos estar presentes y demostrarle cariño. ¡Gracias por el fútbol, Pocholo!

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