COMO DIOS MANDRA

Córdoba fue bautizada como “Tierra Santa” para Chicago porque allí logró los últimos tres ascensos a Primera (2001, 2006 y 2014) y por lo general logra resultados positivos. Hoy, recordamos un triunfo vital en febrero de 2002 frente a Belgrano para mantenerse en la máxima división. Fue 2-1 con goles de Jesús y Mandra, quien convirtió en el minuto 90.

El barrio de Mataderos y la provincia de Córdoba están separados por 700 kilómetros. Una distancia que no parece real. El hincha de Chicago siente esas tierras del centro argentino como si fueran parte de su vida cotidiana. Allí se escribieron los capítulos más importantes de la historia contemporánea del club. Se lograron los últimos tres ascensos a Primera División: 2001 (frente a Instituto), 2006 (ante Belgrano) y 2014 (contra Gimnasia de Jujuy). La Docta es Tierra Santa para el Torito. Desde aquel glorioso 9 de junio de 2001, la visitó 18 veces. Consiguió siete triunfos, ocho empates y apenas sufrió tres derrotas, todas a manos de Talleres. A pocas horas del regreso a la máxima categoría, luego de siete años y medio de espera, también retornará a su hogar adoptivo para enfrentarse con Belgrano, el lunes a las 21.10. ¡Volvimos a la A! Aunque nunca nos fuimos de ese paraíso serrano que representa Córdoba para el alma verdinegra. 

Hoy retrocedemos 13 años. Nos insertamos en la última fecha del Apertura 2001 de Primera. Esa que debió jugarse el 23 de diciembre, pero fue postergada por el estallido institucional y económico que provocó la muerte de 39 personas, la renuncia de Fernando de la Rúa, y el cambio de cuatro presidentes (Ramón Puerta, Adolfo Rodríguez Saá, Eduardo Camaño y Eduardo Duhalde). Paradójicamente, entre cacerolazos, saqueos y tensión social-política, Racing se consagró campeón luego de 35 años, ya que ante todo se mantuvo la “organización habitual” de la AFA y la utilización de la pelota como método de distracción de las masas.

Chicago volvió a jugar el 5 de febrero de 2002, frente a Belgrano en Córdoba. Un duelo directo ante un adversario en la lucha por permanecer en la Divisional. El Torito sumaba 21 puntos y era dirigido por José Luis Brown y Héctor Enrique, quienes llevaban dos partidos en el cargo (0-1 con Independiente y 3-2 a Newell´s) luego de reemplazar a Jorge Traverso y Roberto Vega. Durante la etapa de esta dupla se produjeron variantes tácticas. Facundo Argüello, habitual central o lateral, jugaba de mediocampista central; Juan Augusto Huerta pasó de ser centrocampista a marcador de punta derecho; y Leonardo Orsi dejó la banda para ser zaguero. Aquella noche los 11 que vistieron la verdinegra fueron: Velázquez; Huerta, Orsi, Borda, Adrián Barbona; Martens, Argüello, Kmet; Christian Gómez; Mandra y Jesús. Mientras que el Pirata, dirigido por Carlos Mac Allister, estuvo integrado por Olave; Sergio Castillo, Brusco, Marcelo Goux, Imboden; Silva, Priotti, Martina; Darío Zárate; Desagastizábal y Obolo. 

“Belgrano y Chicago priorizaron el orden defensivo y la lucha en la mitad de cancha. Todo muy esquemático. Los Piratas buscaban aprovechar la altura de Obolo y la velocidad de Desagastizábal, los de Mataderos pretendían explotar el vértigo de Mandra y de Jesús. Pintaba como un 0-0 más cantado que la devaluación del peso. Sólo un error podía modificar las cosas”, escribió Alfredo Camponovo para el diario Olé. Esa falla que el partido necesitaba para romperse ocurrió en el minuto 35, cuando el Torito tuvo un contraataque. “Quedaron tres contra tres y ningún defensor local frenó la carrera del Gomito. Lo dejaron pasar y lo pagaron carísimo. La contra bien comanda por Christian Gómez fue mejor definida por Jesús”, describe el artículo. El Verdinegro ganaba y Mac Allister se deseperaba: “Movió piezas buscando la tan ansiada profundidad. Metió al delantero Adrián Gorostidi y sacó a Silva, volante. Belgrano mejoró en el arranque de las jugadas, pero a la hora de acercarse al área siguió con las mismas dificultades. Igual, tuvo un premio a la actitud ya que Obolo empató a los 37 del segundo tiempo”.

El empate parecía inestable. Chicago aguantaba a través de las atajadas de César Velázquez y apostaba por una contra. Llegó el minuto 45 de la etapa final, y se generó una oportunidad. Recuerdo escuchar a Rodolfo De Paoli, en ese momento el relator de Gente de Chicago (AM 1440), pedir: “Está solo Mandra, si le llega la pelota es gol y el triunfo de Chicago”. Y la asistencia nació desde los pies de Ezequiel Amaya, quien había ingresado por Martens, para que el Buitre convirtiera el tanto de la victoria. Euforia allá en Córdoba y acá en Mataderos. Fue un desahogo y la continuación de la fusión del corazón entre La Docta y el Torito. Fue como Dios Mandra.

Fotografía: Diario Olé.

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