GUEDE LA MANO...


¿Qué sería de este presente si nada hubiese pasado en mayo de 2014? ¿Qué sería de Nueva Chicago si no hubiera aparecido un tal Pablo Guede? Hoy, 17 de mayo, se cumple el primer aniversario del título que obtuvo el Torito de gran manera, con un juego superlativo, muy superior al resto de sus rivales y revolucionario por sobre todas las cosas, en referencia a la categoría en la que militaba; la Primera B Metropolitana. A través del trabajo del técnico, en Mataderos se volvió a gritar campeón.


Si bien la campaña de Mario Finarolli antes de la llegada del ex delantero no era mala (24 puntos en 17 fechas), la falta de triunfos precipitó su salida y la comisión directiva recurrió a Pablo Guede, en ese entonces coordinador de divisiones inferiores, como director técnico interino antes de cerrar la negociación con un entrenador. Dos derrotas al comienzo (0-1 con Chacarita por Copa Argentina y 0-1 ante Tristán Suárez en Ezeiza, por el campeonato). Sin embargo, ante la negativa de Teté Quiroz, Mario Franceschini se perfiló como el principal candidato y estuvo a punto de asumir, pero las dos victorias consecutivas frente a Colegiales (2-0) y Comunicaciones (2-1) determinaron la permanencia de Guede en el cargo.

Producto de su convicción, ese Chicago que deambulaba por la mitad de tabla, consiguió ganar dos partidos al hilo para acercarse al puntero antes del receso y quedar a ocho unidades del líder, Atlanta. Precisamente, el Bohemio fue su rival en la reanudación del fútbol oficial, el 8 de febrero de 2014, por lo que el 2 a 1 en Villa Crespo, gracias al golazo de Lucas Baldunciel, decretó confianza total por Justo Suárez y Cárdenas para afrontar los 20 partidos que se venían. Así, se hilvanaron ocho victorias consecutivas, entre ellas a Deportivo Morón (1-0), con gol de Isaac Acosta en Castelar.

Con un juego colectivo envidiable, desde la Primera División como por el resto de las categorías del fútbol argentino, el Torito logró evadir el mito de que en el Ascenso no se puedo jugar bonito. Generó un antes y un después, los entrenadores ya no paran a los equipos de diferentes maneras tanto de local como de visitante por miedo a ser criticados o a los malos resultados, sino todo lo contrario, por lo que se observan partidos más abiertos. Sí, ese equipo inspiró ganas por jugar a la pelota de verdad, revolucionó al fútbol local. Con una columna vertebral equiparada entre ataque y defensa, con un poder ofensivo tremendo por donde se lo mire y un manejo de pelota exhaustivo, el Torito provocó un revuelo tal por el que se le llegó a denominar "El Barsa de la B".

Con la posesión del balón y la presión al rival como premisa, el mediocampo se destacó por el resto; con Agustín Farías, Roberto Bochi, David Barbona en un nivel muy alto, más el aporte de Federico Fattori. El juego del conjunto de Mataderos nacía desde sus pies, aunque en realidad surgía desde los de Nicolás Tauber, debido a que el DT no les permitió ejecutar un solo pelotazo, por lo que el traslado de la pelota al ras del suelo no era una posibilidad sino una obligación.

Germán Lanaro y Matías Escudero conformaron una sólida dupla defensiva, en la que ambos pudieron complementarse a la perfección. Por los costados, Adrián Scifo y Nicolás Sainz lograron generar más peligro del que puede pedírsele a un lateral. Cada vez que pasaban mitad de cancha, eran una complicación constante para el rival: un jugador más por marcar, una incógnita y una carta ofensiva eficiente.

El tridente de arriba, encabezado por Christian Gómez, quien a sus 39 años a cuestas desequilibró cada encuentro como si fuera el último. Acompañado por Alejandro Melo y Andrés Montenegro, quienes fueron sus cómplices en todo momento y cuando las circunstancias lo ameritaban, a fuerza de goles y rendimiento, se llevaron los aplausos de la República de Mataderos. Cabe destacar también el aporte goleador de Isaac Acosta, y las apariciones de Emanuel Fernandes Francou.

El ex punta de Deportivo Español y Málaga encontró en Gomito un compañero, más que un excelente jugador. A partir de su pie derecho y su perspectiva, además de la edad, compartieron el gusto futbolístico y lograron limarlo desde un primer momento. “Podés tener resultados buenos, malos o regulares pero la intención siempre tiene que estar”, fue una de las frases significativas de Guede. Así lo reflejaron sus jugadores en los partidos que le tocaron disputar a partir de su arribo. Fue muy corta su etapa (24 partidos con 15 triunfos, 4 empates y 5 caídas), pero justamente los rápidos resultados decretaron su salida y el crecimiento como entrenador al pasar a Palestino de Chile.

En la retina de los hinchas quedarán guardados los triunfos sobre Los Andes con un 3-2 agónico, el 3-1 contra Platense con un juego de alto vuelo en los 45 minutos iniciales, o el 3-0 ante Fénix con una soberbia actuación del 10. Con la particularidad de que todas las nombradas fueron en Mataderos, fuera de casa el Torito venció a Atlanta, Estudiantes de Caseros y Morón, entre otras, aunque la victoria más memorable y la que va a quedar en la memoria de todos, será el 1-0 en Munro frente a Colegiales. Esa que le devolvió a Chicago un lugar en la B Nacional gracias a la pegada de Gomito. Una campaña histórica que se coronó de manera magistral.

-Autor: Federico Meza (@fedeemeza)
-Fotografía: Daiana Vitale (@daivitale)

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