SIEMPRE QUE LLOVIÓ, PARÓ...



En épocas donde el país se solidariza con los afectados por las inundaciones, la lluvia se apiadó y le regaló una sonrisa a Chicago. Tras largas jornadas de sufrimiento y angustia, en Mataderos el conjunto de Rubén Forestello aplastó 3-0 a Huracán y demostró que dará pelea hasta el final.

Después de dos semanas sin actividad oficial, después de días en los que el agua azotó a la provincia de Buenos Aires y otros lugares del país, después de 20 largos partidos, después de probar distintas formaciones que no dieron resultado, Chicago ganó. Sí, ¡Chicago ganó! Pellízcate, no es un sueño, Chicago ganó.  

No era una tarde más y no será un día más; el 15 de agosto no será una fecha más en la vida del Torito. Tuvieron que pasar ocho largos meses para volver a ganar, tuvieron que pasar varias desilusiones, varias frustraciones para llenarse el alma con una victoria del Torito. Además, con un 3-0 contundente ante un rival directo que allana el camino y oscurece el de los de más arriba.   

Como si fuera poco, lo hizo con goleada. El triunfo sobre huracán fue más que merecido, aunque la visita contó con sus situaciones, el equipo demostró que dará pelea y no pretende negociar su espacio en la Primera División sino que batallará hasta el final. Justamente, en una final, sacó a relucir lo mejor de sí mismo en la República de Mataderos y festejó.

Y ya desde el arranque lo plasmó en el campo de juego. Los dirigidos por Rubén Forestello salieron decididos y solo cinco minutos le bastaron para ponerse arriba gracias a la guapeza de Alejandro Gagliardi y la definición de Mauricio Carrasco para el 1-0. A partir de allí, el Verdinegro se dedicó a aguantar y a combatir e cada embestida del Globo, pero como un verdadero Toro, salió airoso.

Tantas veces cuestionado, Lucas Baldunciel tuvo su premio. Luego de una excelente asistencia de Carrasco, el juvenil remató junto al palo izquierdo de Matías Giordano para el delirio de todo el público presente que se desahogó  y celebró una alegría después de ocho meses de angustia, dolor y tristeza. Era el 2-0 en el comienzo del complemento y aún faltaba más.

Sobre el cierre una de las figuras del encuentro, selló el triunfo. Con ímpetu, con fuerza, con convicción, el Gordo Gagliardi se mandó adentro del área y después del pase del Chuky la empujó al fondo de la red y se llenó la panza de gol. Sí, Chicago ganaba 3-0, aunque no lo puedas creer. Atrás quedaron los puntos que el Torito dejó pasar, ahora festejó y comienza un nuevo camino.

Los de Forestello jugaron la final como tal y sacaron a relucir su orgullo. Una vez más, Alejandro Sánchez lo salvó en distintas oportunidades para aumentar su grandeza. Nicolás Sainz volvió con todo su esplendor y formó una muralla junto a Abel Masuero. Fernando De la Fuente y Matías Vera, como el mismo Damián Lemos se lucieron en el mediocampo y pelearon cada pelota hasta el final para que el Verdinegro se olvide de todo y supere la barrera de los 10 puntos.

Sí, festejá. ¡Ganó Chicago! Sí, alegrate, ya no sos el único de todo el fútbol argentino que no sumó de a tres. Que se busquen a otro para molestar, el Torito ganó y demostró que no va a bajar los brazos, y ahora menos. Con otra final por delante, poco es el tiempo para disfrutar, pero que mayor felicidad que dejar atrás la malaria y pensar en Crucero del Norte para que esto no sea solo un espejismo. La lluvia cedió, ya aflojó y en medio de tantas malas, le regaló una sonrisa a Chicago.

Autor: Federico Meza.
Fotografía: Gentileza del diario Olé.

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