UNICOS

El 26 de junio de 2004, la hinchada de Nueva Chicago demostró su fidelidad y amor por la camiseta verdinegra. El equipo había descendido y en el último partido del torneo fue despedido de Primera División por 10.000 almas en la cancha de Independiente. A partir de aquella noche se instauró la fecha como el día del hincha del Torito. Historia de una pasión.


"Es conmovedor, es llamativo y es altamente elogiable lo que ha producido la gente que acompaña a Nueva Chicago. Es una hinchada multitudinaria, que suele ir en gran número, pero esta situación del equipo descendido con esta multitud, emociona. Realmente emociona, créanme". Las palabras de Alejandro Fabbri resultaron una síntesis perfecta de lo sucedido en aquella noche del sábado 26 de junio de 2004 en Avellaneda. Siete días antes, el Torito había bajado a la B Nacional tras perder (0-2) con Newell´s en Mataderos, luego de una temporada de bajo rendimiento. La despedida de Primera División fue un lujo, quedó en la historia verdinegra y en los registros del fútbol argentino: 10.000 personas alentaron al equipo, que en ese momento era dirigido por Leonardo Madelón, en el viejo estadio de Independiente. 

Lealtad, fidelidad, pasión, amor. Un hecho inusual, digno de destacarse por su calidad de genuino. El calor de la hinchada hizo desaparecer el frío invernal que se había presentado en Buenos Aires. El color de las bengalas y las banderas verdinegras iluminaron la noche y llenaron de ilusión a futuro en la oscuridad del descenso. Y el aliento incesante resultó una melodía inigualable, única, admirable e histórica. Nueva Chicago fue resaltado por su hinchada, por el compromiso de ésta y el sentimiento incondicional. Las promesas se hicieron realidad, como a lo largo de los años: "Esta es tu hinchada la que te sigue a todas partes y la que nunca te va a abandonar. ¡Matadeee, Matadee!". Hasta la gente del Rojo aplaudió y destacó la gesta popular.

"Ya vas a volver Torito, esta hinchada lo merece", describía Walter Nelson para la transmisión de TyC Sports. "¡Qué recibimiento, por Dios! ¡Cuánta familia!", exclamaba el relator cuando ingresó el conjunto al campo de juego de la "Doble Visera", donde Chicago perdería 2-1. Aquel descenso fue la consecuencia de un año deplorable: contrataciones de jugadores veteranos (Nacho González, San Esteban, Leo Ramos, Juan Ramón Jara, entre otros), incorporaciones sin nivel de Primera (Miguel Cáceres, Ariel Graña, Emanuel Ruiz, Livio Prieto, Matías Saad) y entrenadores de flojísima labor (Alberto Márcico y Patricio Hernández). Sólo estuvieron a la altura los futbolistas surgidos en el club (Juan Huerta, Jorge De Olivera, Germán Basualdo, César Carranza, Julito Serrano), dos líderes comprometidos (Leandro Testa y Daniel Tilger), algunos refuerzos (Elvio Martínez, Darío Cavallo, César González y Martín Mandra y Julián Kmet, quienes llegaron para el Clausura 2004) y un técnico que hizo lo que pudo (Madelón). Fueron 28 puntos en 38 partidos, producto de cuatro triunfos, 16 empates y 18 derrotas. Números que derivaron en el regreso a la B Nacional, luego de tres años, con dolor para los hinchas, aunque con el orgullo de representar e integrar una hinchada única, que se consagró en el campeonato de la lealtad.

-Fotografía: Tapa del diario Olé del 27 de junio de 2004.

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