EL ADIOS A UN CRACK

Julio San Lorenzo falleció esta madrugada en Santiago del Estero a los 79 años. Fue uno de los mejores jugadores de la historia de Chicago, integrante de la magnífica delantera de 1958 que logró el subcampeonato de la Primera B y que es recordada como la mejor del Ascenso. Además, tuvo pasos por Racing y Banfield, y estuvo convocado a la Selección Argentina.



Llegar a la tapa de la revista “El Gráfico” era un honor, un privilegio. No era para cualquiera y, menos, cuando un futbolista jugaba en la vieja Primera B. Julio San Lorenzo hizo los méritos para alcanzar el reconocimiento del periodismo deportivo nacional el 15 de febrero de 1961. Aquella fue la primera portada de la historia dedicada a Nueva Chicago y demostraba el nivel que contaba el delantero. 

“Un notable jugador, de gran habilidad e ingenio…”, es la definición que otorga el diccionario enciclopédico de del diario “Olé”. Nacido en Misiones, llegó en 1958 a Mataderos, luego de realizar las Inferiores en River y de jugar en un club de Baradero. El objetivo era reforzar el equipo que participaría de la Primera B. ¡Y vaya que lo logró! Las crónicas deportivas de la época resaltan las virtudes de un centrodelantero notable por su técnica, que formó parte de una delantera que fue rotulada como la mejor del Ascenso. Allí se lució junto a Alberto Daquarti, Pilo Calandria, Edgardo D´Ascenzo y Oscar Casanova. El fútbol que desplegaba Chicago quedó en la historia, a pesar de terminar como subcampeón de Ferro.

San Lorenzo tuvo dos etapas en el Verdinegro. La primera entre 1958 y 1962. Muy recordada por su fútbol y por una anécdota: en un partido contra Excursionistas prometió convertir tres goles para irse a casar con su novia. Y lo consiguió: fueron tres gritos en el 5-1 que lo catapultaron directo al altar en 1958. Luego de cinco temporadas, fue transferido a Racing en 1963, donde convirtió 16 goles, pero fue cedido a Banfield al año siguiente. En el Taladro se quedó hasta 1966, cuando pasó a jugar por Baradero. Volvió a Chicago en 1970, en una temporada en la que hizo algunos goles y a mitad de torneo, tras la ida de Mario Boyé, tuvo que cumplir la función de técnico-jugador para acompañar a Juan Manuel Guerra. Luego, se retiró para dedicarse a la dirección técnica. Atrás habían quedado 153 partidos y 76 goles en el Torito.

El corazón de Julio San Lorenzo se detuvo en la madruga de hoy, mientras descansaba en su casa del barrio Ejército Argentino, en Santiago del Estero. Se despidió del mundo en la tierra que lo cobijó como un gran ídolo, allí como entrenador logró el primer ascenso de Central Córdoba al Nacional B en 1986, el único club de la provincia que llegó al fútbol grande del país. En la tranquilidad de esa tierra, se lo honró como debía, aquí hace muchos años que se lo olvidó, como sucedió con tantos otros, lamentablemente. En estas horas, este crack se unió a otros como Calandria, D’ Ascenzo y Casanova. 

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